Vía UNEF

En otoño y verano las placas solares son muy rentables. Instalando en primavera, se consigue aprovechar el aumento de las horas de sol del verano y las moderadas temperaturas del otoño para sacar el máximo rendimiento a la inversión de la forma más rápida.

Por lo general, los clientes suelen preguntarse cuando es más rentable realizar la instalación. Al tratarse de una instalación que se amortiza por sí sola, cualquier momento es bueno. En primavera la temporada de sol está a la vuelta de la esquina y con su llegada las placas solares funcionan a su máximo rendimiento. Si bien es cierto que en invierno la producción es más baja, el resto del año tiene un rendimiento alto, llegando en otoño a su máxima producción.

Las horas de sol no son el único factor determinante

El pico de la producción anual se produce durante la temporada otoñal debido a que la temperatura óptima para generar energía fotovoltaica está por debajo de los 25 grados centígrados. Así pues, no solo las horas de exposición al sol son importantes, también lo es la temperatura. De esta forma, durante los meses de verano las placas pueden tener una alta producción gracias a las largas exposiciones al sol y, durante otoño e invierno, las temperaturas suaves típicas del clima mediterráneo siguen favoreciendo la producción de energía. Incluso en invierno, cuando bajan más las temperaturas, aunque las horas de luz solar son menores, el sistema sigue trabajando más óptimamente para producir energía durante todo el año.

Por todo ello, la instalación de un sistema fotovoltaico compensa siempre. Aunque no produzca al máximo en todas las estaciones o días del año, los excedentes de los días de alto rendimiento compensarán a los de menos.

No obstante, se podría considerar que la primavera es uno de los mejores momentos. Instalando en Marzo – Abril se conseguirá una alta producción del sistema fotovoltaico de forma rápida y continuada en los meses de verano y otoño.