Vía Forococheseléctricos

Cuando recargar un coche eléctrico no requiere prisa, el coste baja. Es todo lo contrario a la recarga ultrarrápida, mediante la cual el usuario prioriza la velocidad aunque le cueste mucho más. Si la recarga es además inteligente, el coste puede reducirse aún más.

¿Cómo se añade inteligencia a la recarga? Básicamente, con información externa. El punto de recarga no solo se comunica con el coche, también con la red eléctrica. De esta forma es posible maximizar la eficiencia de la recarga, evitando las tarifas más caras y aprovechando los excedentes de producción de las renovables y los precios más bajos.

La Universidad de Swansea (Reino Unido) ha publicado un estudio que afirma que los usuarios de coches eléctricos pueden ahorrarse unos 130 euros al año en recargas -de media- y de paso reducir las emisiones de carbono en un 20%, si se aprovechan de las ventajas de la recarga inteligente. El ahorro aumenta en función del kilometraje.

Los datos vienen de los resultados del proyecto FRED (Distribución de energía con capacidad de respuesta flexible, en inglés), que quiere demostrar que se pueden evitar las sobrecargas en la red y no afectar significativamente a los hábitos de los conductores. Mediante inteligencia artificial se tuvieron en cuenta sus necesidades para satisfacerlas en la medida de lo posible.

La creciente población de coches eléctricos podría provocar problemas en la red si coincidiesen muchas recargas en momentos desfavorables de alta demanda. La recarga inteligente evitaría eso, ya que el consumo se concentraría en los momentos de menor congestión, y de forma que los excedentes de producción no se desperdicien. Esto beneficia en su conjunto a todos los usuarios del sistema eléctrico.

Por otro lado, otra consecuencia de la recarga inteligente es que reduce el esfuerzo necesario de los gestores de la red para equilibrar la oferta y la demanda. La recarga inteligente puede ser más económica que la recarga del hogar en horarios favorables, eso sí, aumentando los tiempos.

A nivel de usuario es muy sencillo, solo hay que dejar el coche enchufado, y el punto de carga se ocupa de lo demás. No hay que preocuparte de los horarios ni de los precios, es un proceso automático (conexión y desconexión, y a qué potencia se carga).

Por ejemplo, si un usuario suele conducir 50 kilómetros diarios y nunca necesita el coche antes de las 8 de la mañana, el sistema consigue la recarga al precio más ventajoso y repartiendo la carga en función de los datos de la red. A las 8 de la mañana el coche habrá cargado lo suficiente de todas formas, pero no en el tiempo más corto posible ni a máxima potencia.

En el futuro la recarga inteligente y, por extensión, las redes inteligentes, aplanarán las curvas de demanda. Todo el sistema eléctrico se beneficia de ello.