Vía El Mundo

Adquirir un coche a baterías implica no pocos cambios. Uno de ellos es aprender a a gestionar su recarga, clave para maximizar sus beneficios y no sufrir la llamada “ansiedad por la autonomía”

En un reciente encuentro con responsables de Volkswagen para charlar sobre su familia de coches eléctricos ID, del que acaban de poner a la venta ID.4, sus responsables daban en la diana: “A la hora de adquirir un vehículo de este tipo, la autonomía se coloca por delante del precio” nos decían. Y es que, desde que aparecieron los primeros modelos a pilas, el temor a quedarse tirados porque el coche agotase la batería antes de lo previsto ha sido la espada de Damocles que sobrevolaba la decisión de compra.

La cuestión va camino de resolverse, aunque más del lado de la autonomía de los vehículos que del desarrollo de la infraestructura de recarga, que camina mucho más lento. En todo caso, dependerá del uso que se vaya a dar ese coche. Si va a ser el vehículo único del hogar, la cosa se pone bastante más engorrosa y peliaguda a la hora de viajar. En cambio, para un uso diario de distancias cortas, la solución al problema pasa por una buena planificación ya que bastarán pequeñas recargas, o una grande una vez por semana, para tener siempre ‘gasolina en el depósito’. A continuación, le contamos cómo cargar un coche eléctrico, dónde y por cuánto.

EL PUNTO DE PARTIDA

Aproximadamente el 70% de los vehículos duerme en la calle. Es decir, depende de un poste de recarga pública o en el trabajo. Y aunque el número de éstos crece de forma continua, no lo hace como las ventas. En los últimos tres años en Europa las matriculaciones de vehículos con enchufe se doblaron, pero la red de postes aumentó menos de un 60%. En la actualidad, en Europa existen unos 213.000 puntos públicos, de los que según Eurelectric, solo el 14% son rápidos. En España, el “Barómetro de Electromovilidad” de Anfac referido a 2020 señala que existen 8.545 instalaciones de este tipo, de los que un 65% están ubicadas en un entorno urbano y periurbano. Cataluña acoge un tercio de ellas, por las 1.000 de Madrid, acordes con el hecho de que este tipo de coches es eminentemente para la ciudad y la periferia. Además, casi uno de cada cuatro postes, tienen una potencia igual o superior a los 22 kw, lo que se conoce como una carga semirrápida: permiten rellenar la pila de un coche medio en unas tres horas. 

Según los cálculos que han hecho fabricantes, ecologistas y consumidores europeos, la región necesitará contar con un millón de postes de recarga en 2024, y tres millones en 2029, para atender a la demanda prevista (o que se quiere alcanzar). De esas cantidades, España debería aportar 37.966 postes en 2024 y 214.341 en el año 2029. La estrategia de descarbonización del Gobierno de Pedro Sánchez prevé instalar 100.000 de ellos para 2023.

DISTINTAS VELOCIDADES DE CARGA

La velocidad a la que se puede recargar un coche eléctrico depende de dos grandes factores: qué cantidad de energía puede suministrar la red a la que lo enchufamos; y qué cantidad de electricidad es capaz de admitir el coche. Se puede ejemplificar en dos casos extremos. En una toma doméstica en casa que funcione a 1,8 kw, no recargaremos más de esa cantidad por hora con independencia del automóvil que tengamos. Del mismo modo, de nada sirve que en España haya ya postes que pueden suministrar 400 Kw, cuando los vehículos más capaces en este sentido (un Porsche Taycan o un Audi e-tron GT) no soportan más de 270 Kw.

En este sentido, opera una tercera variable: el conector con el que enchufemos el vehículo a la red (y no al revés) porque eso también condicionará la operativa. En los modelos de marcas generalistas, lo más habitual es que venga de serie solo con uno de tipo Schuko, el de los enchufes de toda la vida o que podemos encontrar en un garaje sin una instalación específica para eléctricos. Obviamente, es el más lento y raramente admite más de 2,3 Kw. Por encima existen hasta cuatro tipos que añaden más velocidad. El más extendido en Europa es el denominado Menekkes. Como opción cuesta entre 300 y 500 euros y es el que nos servirá en la mayoría de postes públicos, salvo en aquellos de carga rápida continua, que requieren, por ejemplo, el llamado CCS.

Imagen de un conector Menekkes para coches eléctricos
Imagen de un conector Menekkes para coches eléctricos

Teniendo en cuenta el uso que vayamos a hacer del vehículo y donde pensamos cargarlo, es fundamental informarse de estos aspectos. Es decir, de cuál es la capacidad máxima que puede admitir el coche (tanto en corriente alterna para los postes normales como en continua para los rápidos de más de 50 Kw) y cuáles son los cables que nos suministran, sea de forma gratuita o pagando aparte.

Todos estos aspectos los contemplan los simuladores de autonomía y tiempos de recarga que los fabricantes ofrecen en sus páginas web. Pero es posible aproximarnos de una forma sencilla: tomamos la capacidad neta de la batería (inferior a la bruta, que es el dato que suele publicitar) y lo dividimos entre la potencia que suministra la red. Ya sabremos por dónde irán las cosas. Aunque el tiempo que nos resulte hay que incrementarlo si queremos llenarla hasta el 100%, ya que a partir del 80% se ralentiza. Por ejemplo, un coche con una batería de 50 Kwh, en una toma doméstica a 1,8 kw tardará más de 31 horas en pasar de tenerla vacia a llena. Y en un poste de 50, una hora y media.

RECARGA EN EL TRABAJO O EN DESTINO

Pensemos en los desplazamientos diarios habituales: ir y venir al trabajo, llevar a los niños al cole, hacer unos recados. Estaríamos hablando de una media de entre 60 y 70 kilómetros, que podemos recuperar fácilmente con una pequeña carga cada día. La duración de esta, además de los elementos considerados anteriormente, dependerá también del consumo de electricidad del vehículo. Uno muy eficiente ronda los 14 Kwh de gasto cada 100 km de media, los más glotones pasan de los 20. En el primer caso, para recuperar la energía consumida cada jornada, necesitaríamos recargar unos 10 kw; en el segundo, hasta 14.

Es algo que nos llevaría unas pocas horas y podemos satisfacer conectando el coche en el garaje de la oficina, (que nos cobrará o no). También cada vez más establecimientos comerciales (supermercados o grandes superficies) cuentan con puntos de recarga, que pueden ser de pago o gratis, aunque algunos con limitaciones de tiempo. Por último, están las redes públicas urbanas y periurbanas, con postes de entre 3,4 y 22 kw. Una de ellas es Endolla, que opera en Barcelona y tiene unas tarifas, para un turismo, que oscilan entre los 0,22 euros y los 0,40 euros por kWh según sea de día o de noche, en la calle o en un garaje. Es decir, que 70 kilómetros diarios nos costarían entre 2,2 y 4 euros en un eléctrico muy eficiente; y entre 3,1 y 5,6 en uno de alto consumo.

EN EL HOGAR: INSTALACIÓN Y COSTE

Si disponemos de un garaje propio o comunitario, podemos instalar desde un simple enchufe a un walbox (modulo que se encastra en la pared) que cargará hasta a 7,4 kW. ya que en el ambito domestico la instalación debe tener menos de 10 kW de potencia. Los walbox llamados ‘inteligentes’ varían su rendimiento de forma que van dando al automóvil la energía sobrante (hasta la máxima potencia contratada) que no usemos en el hogar.

El coste de la instalación por un operador depende de varios elementos. Los metros de cable que hay que ‘tirar’ desde nuestro contador al enchufe, la obra que hay que realizar para llevarlo y el conector que finalmente pongamos. Si es en un garaje compartido, la comunidad no puede impedirlo, pero hay que avisar de la obra, que debe estar legalizada y realizada por una empresa autorizada.

Ponernos un enchufe Schuko pueden ser (con obra y cableado) unos 400 euros de media. Por otros 100 euros, le podemos añadir un adaptador llamado Green Up que permite acelerar la recarga hasta los 3,2 kw (por los 2,3 de la instalación básica). El tercer paso es el walbox. Tienen un precio medio de entre 500 y 600 euros, que ascienden hasta los 1.500 euros incluyendo toda la obra y los permisos. Pero conviene pedir presupuestos, porque las diferencias pueden ser muy grandes a igualdad de elementos, de hasta el doble, como pudo comprobar quien esto escribe. Casualmente, el precio más alto correspondía a una empresa recomendada por un fabricante que ofrecía una ayuda al comprador… Muchas marcas regalan la colocación de este elemento para aumentar el atractivo de sus coches.

Las cantidades mencionadas se pueden ver reducidas gracias a ayudas como las del plan Moves, con una subvención (a incluir luego en la declaración del IRPF) de hasta el 40%. Pero también hay que incrementar el coste añadiendo la electricidad consumida. Aquí es clave saber varias cosas: si tenemos una tarifa del mercado regulado o si es del mercado libre. Y dentro del primer tipo, si pagamos la luz al mismo precio con independencia de la hora, si esa tarifa distingue entre el día y la noche (horas punta y horas valle) o si contamos también con periodos supervalle (cuando más barata es la electricidad porque hay menos demanda, entre las 01.00 y las 07.00 horas). De acuerdo a esos datos, recargar 100 kilómetros para un coche que consuma 14 kWh oscilaría entre 1,12 y 2,1 euros. Y en uno con un gasto de 20 kWh, entre 1,6 y tres euros.

Una última precisión sobre este punto. Muchas de las comercializadoras de electricidad, ofrecen planes especiales para la recarga, con tarifas muy competitivas e incluso regalando parte de la energía que se consuma al año. Y otras tienen tarifas planas en función del consumo anual de todo el hogar, por lo que puede ser una opción añadir el gasto previsto del vehículo a la hora de contratarlo.

CARGAR EN REDES PUBLICAS DE PAGO

Ahora, pensemos en que vamos a salir de viaje con el coche. Entonces, necesitaremos un poste de recarga rápida, de al menos 50 kw, si no queremos que se eternice la recarga. Tenemos dos opciones: recurrir a los puntos que nos facilita el sistema de navegación integrado en el automóvil, que también nos informará de cuáles están a nuestro alcance según la autonomía. O beneficiarnos de las distintas apps que ofrecen este servicio. 

Dependiendo de la app que utilicemos, encontraremos información sobre los postes de recarga únicamente de esa red (en carretera y ciudad) o también del resto. Además de la ubicación y datos, podremos saber el horario de funcionamiento, si se puede reservar, si es de pago o gratis, los tipos de conectores y el número de ellos. Las tarifas, cuando las tengan, son más difíciles de encontrar, sobre todo en aplicaciones que funcionen como agregadores.

Estar suscrito a varias de estas redes es interesante, sobre todo cuando son de pago, ya que eso nos supondrá precios más económicos. Por ejemplo, Ionity cobra a 0.79 euros el Kw a cualquier usuario, pero los de las marcas que forman parte del proyecto, abonarán menos de la mitad. El mayor engorro actualmente es la falta de interoperabilidad entre las distintas redes, sobre todo a la hora de identificarse y pagar, ya que unas requieren de tarjeta, otras recurren a llaveros digitales; en unas se abona según el consumo, otras requieren tener una especie de bolsa con fondos.

Las tarifas de las redes existentes en España oscilan entre los 0,29 euros por Kw que cobra Tesla a sus clientes y los 0,79 de Ionity. Aunque la mayoría están entre los 38 y los 50 céntimos, aunque esa cifra se puede ver reducida sustancialmente en virtud de acuerdos como el de Repsol, que solo cobrará la mitad a los usuarios de coches Nissan. Con esas horquillas de precios y retomando los dos coches de los que hemos venido hablando desde el inicio, para uno un consumo de unos 14 kwh estaríamos hablando, de entre 5,2 y 11 euros cada 100 kilómetros. Y de entre seis y casi 16 euros para el de 20. No son cifras baratas, pero también hay que reconocer que las instalaciones de esas tomas rápidas tienen un coste muy elevado y que cuesta amortizar. Aparte, las cargas a alta velocidad serán esporádicas para la mayoría de usuarios, no llegando ahora ni al 10% de las veces que enchufen su automóvil.

Tampoco es recomendable abusar de ellas, ya que pueden acortar la vida útil de la pila. Del mismo modo que se recomienda actuar un poco al estilo de los smartphones. No dejar que se descargue por completo, ni abusar de tenerla siempre al 100%, sino que se encuentre normalmente entre un 20% o 30% y un 80%.