Vía El Español

Las placas solares se han convertido en una de las alternativas perfectas para rebajar la factura de la luz. Así es cómo se gestiona una instalación paso a paso.

La montaña rusa en la que se ha convertido el precio de La Luz en España ha impulsado el autoconsumo como nunca antes. Paneles solares, geotermia, aerotermina…Las vías para gozar de una cierta independencia están ahí y cada vez son más los que se embarcan en proyectos de este tipo.

En la transición desde el año 2018 al 2019, la potencia fotovoltaica para autoconsumo instalada en España se duplicó. Pasó desde los 235 a los 459 MW, según el informe de la Unión Española Fotovoltaica (UNEF). Pero no nos engañemos, las que más se aventuran a dar el salto hacia las instalaciones de placas solares siguen siendo las industrias y los espacios comerciales. Entre el 50 y el 60% de las nuevas instalaciones son para uso industrial, entre el 30 y el 40% en el sector comercial y, por último, alrededor de un 10% para el residencial.

Este último es el que más interés genera. ¿Cómo una familia puede depender menos de los vaivenes del precio de la luz? ¿Qué se necesita? ¿Es caro? Todas esas dudas que asaltan a cualquier usuario común analizadas y respondidas.

Lo básico

Lo primero que tiene que hacer cualquier persona que vaya a instalar paneles solares es determinar qué escenario quiere plantear. Existen dos posibilidades. “Lo más sencillo y habitual es que ya hay una conexión a la red eléctrica [convencional] y lo que queremos es poner placas para producir electricidad y reducir nuestra factura”, explica Pilar Pérez Goas.

Sin embargo, el segundo escenario pasa por tener una “instalación aislada”, que no disponga de una conectividad a la red y tan solo se pueda alimentar de lo generado por nuestras placas.

Una vez decidido, “necesitamos estudiar dónde vamos a instalar los paneles”. Porque no es lo mismo hacerlo en un tejado que disponerlos en una pérgola hecha exprofeso para esta aplicación, en un porche o en una caseta en el jardín. “Idealmente debe de ser un lugar orientado al sur, que es donde le va a dar más radiación solar a lo largo del año, y libre de sombras”.

El espacio disponible también condiciona el número de placas que se van a poder instalar. “Nos va a determinar cuál es el tamaño del kit elemental que se puede instalar”. Y, a partir de ahí, comenzar con el estudio técnico que indica cuántas placas son necesarias para nuestro consumo. “Aunque haya espacio para 20 placas, quizá con 6 ya hemos cubierto nuestras necesidades”, detalla Pérez Goas.

En este punto lo mejor es recurrir a un profesional de la energía solar y presentarle algunas facturas donde se detalle el consumo. De esta forma, la instalación tendrá una dimensión adecuada y el precio a pagar será el estrictamente necesario. Aunque después entraremos en eso.

“Los paneles tienen que estar sujetos en el tejado para que no se vuelen o se dañen si cae una nevada”. Es, tras los propios paneles, el elemento esencial para arrancar esta pequeña planta generadora. El esquema de conexiones continúa con el inversor, un dispositivo “que controla el funcionamiento de los paneles y convierte la energía de los paneles [en corriente continua] en una que se pueda aprovechar en casa [en alterna]”.

Asimismo, como lo que se está planteando es un cambio muy importante en la instalación eléctrica de baja tensión de la casa, se necesita la intervención de un profesional cualificado. “El electricista tiene que emitir entonces un boletín firmado“.

Inyección del excedente

La segunda derivada del asunto pasa por inyectar el excedente generado en casa a la red eléctrica convencional. “Imagínate un domingo, con un sol radiante que me voy fuera a comer y las placas están generando energía”. Ese sobrante, si no se quieren instalar baterías, puede ir directamente a la red y mes a mes se hace una compensación por parte de la compañía eléctrica.

El boletín del electricista debe remitirse a Industria a través de los ayuntamientos, que a su vez se pone en contacto con la compañía distribuidora y ésta a su vez hace lo propio con la comercializadora. Esta última es la compañía con la que tenemos contratada la luz y la que aplicará el descuento apropiado en la factura, según la cantidad de energía que se inyecte.

“La mayor parte de las comunidades autónomas tienen el proceso telemático abierto. El propio electricista puede enviarlo a la plataforma de Industria correspondiente”. El trámite burocrático, apunta Pérez Goas, nada tiene que ver con el que recogía el anterior Real Decreto. “Antes era una pesadilla”.

Independencia energética

El otro escenario posible, de los dos que planteamos al principio, es el de la total independencia energética sin estar siquiera conectado a la red general como soporte. Un sueño para muchos, que se puede dar en casas en mitad del campo, pero que necesita de algunas particularidades.

“Si queremos ser independientes en la generación, tendremos que tener un sistema para almacenar energía“, nos ha contado Rodrigo Ruiz, responsable de LG Solar en España. “De tal forma que durante las horas en las que esté generando electricidad, no solo produzcas como para consumir sino también para guardar para las horas en las que no hay luz del sol”.

El sistema de almacenamiento actual más común y económico es el que emplea baterías químicas. “Antes se usaban las baterías de plomo ácido, parecidas a las que usan los coches”, nos ha contado Ruiz. “Las baterías modernas, de litio, tienen mucha mayor capacidad y, además, no requieren apenas mantenimiento”.

Otro dispositivo esencial es el inversor de corriente (igual que en el caso anterior) con una particularidad. Además de transformar la corriente continua generada en los paneles en corriente alterna, el inversor necesario en este tipo de instalaciones debe de ser un inversor híbrido. “Puede elegir llevar la electricidad al consumo o almacenarla mandándola a las baterías, que también funcionan en continua”.

“Cuando no estamos generando, pero sí existe una demanda, el inversor solicitará energía a la batería para convertirla de corriente continua a corriente alterna”. De esta forma ya puede alimentar los aparatos electrónicos y electrodomésticos de la casa.

Entre las baterías y el inversor se necesita disponer de un dispositivo extra. “El controlador cambia la conexión de la batería. Para que esté recibiendo energía o bien proporcionándola a la red doméstica”.

Como es de suponer, una instalación aislada tiene un sobrecoste respecto a una tradicional que tiene soporte de la red eléctrica convencional. Principalmente en lo referente a las baterías. Para una casa promedio, el coste de una infraestructura así estaría en torno a los 15.000 euros, según las estimaciones de Rodrigo Ruiz. Aproximadamente, la mitad de ellos se irían directos a costear las baterías.

En lo relativo al mantenimiento, las nuevas tecnologías de almacenamiento de litio no requieren apenas atenciones del usuario y, por ejemplo, las que vende LG cuentan con una garantía de 10 años. “La vida útil es mucho más. Al igual que los paneles tienen una garantía de 25 años, hay baterías que llevan 30 años funcionando con el correcto mantenimiento”.

Cuánto cuesta

“Según los datos de potencia contratada media en España para ese tipo de vivienda, suele tener contratado entre 3 y 5 kW. Lo recomendable sería una instalación de 1,5 kW para el primer de los casos”, según estima Pilar Pérez Goas. La regla que se suele seguir es que la potencia instalada en los paneles sea la mitad de la potencia contratada.

“Si pones mucho más, aumenta el excedente de energía y la compensación tiene un límite“, afirma Pérez Goas. Llega un momento en el que se produce demasiada energía y el descuento que luego se aplica a la factura no es tanto. Otro apunte interesante es que la potencia contratada con la comercializadora sea la correcta. Existen casos en los que el cliente tiene contratado 9 kW, pero luego su demanda pico no supera los 3. “Lo primero que les decimos en estos casos es que rebajen la potencia contratada”.

En lo relativo con la instalación en una vivienda media, Pérez Goas asegura que el coste de montaje está condicionado en buena parte de la complejidad del tejado. “Un precio aproximado medio se puede encuadrar entre los 4.000 y los 6.000 euros. Por ese precio se puede tener esa instalación básica para una vivienda habitual”, añade.

El tiempo de amortización es otro de los puntos más delicados a la hora de hacer una inversión en una instalación fotovoltaica. “Depende mucho de cómo se use la energía en la casa. Si los usuarios aprenden a programar la lavadora o el lavaplatos para que siempre se conecte a las horas en las que hay radiación solar, se va a amortizar antes”. El escenario opuesto es en el que los habitantes están fuera durante todo el día y el gasto se concentra a primera hora de la mañana o por la tarde.

“Como media, se está diciendo que la amortización se consigue entre los 7 y los 13 años“, apunta Pilar. A partir de ese momento, la inversión inicial queda cubierta con el ahorro energético que se ha ido acumulando mes a mes.

¿Y de mantenimiento?

Algunos sistemas de energías renovables necesitan de un mantenimiento periódico muy rigurosos. Inspecciones técnicas donde los profesionales certifican que todo funciona según lo previsto. No es el caso de los paneles solares para generar electricidad.

La vida útil estipulada de estas placas se sitúa en los 25 años, pero se puede alargar más sin muchas complicaciones. En todo ese tiempo, lo único a lo que se puede enfrentar el usuario es a la suciedad. “Depende de la zona geográfica en la que se encuentre la instalación. Las pérdidas en este tipo de casos pueden ser de un 3%”, apunta Pérez Goas. “Hay que valorar si merece la pena subirse al tejado para limpiarlo o espero a la lluvia para que se limpien”.

Algo muy importante es contar con un inversor ‘inteligente’ que sea capaz de conectarse a Internet. “Existen algunos que cuentan con portales web y aplicaciones para teléfonos”, detalla, y es que con los datos que emite el inversor se pueden detectar fallos en el sistema. Como por ejemplo que roedores hayan hecho de las suyas en los cables de la instalación.

Si no tenemos visitas de alimañas no deseadas ni la instalación se rompe por alguna inclemencia temporal extrema, el mantenimiento en los 25 años es prácticamente nulo. Salvo si queremos limpiarlos de vez en cuando si en nuestra zona no llueve.